Miguel Rodríguez Casellas, arquitecto y profesor de la Universidad Politécnica, escribió para la Revista Cruce un gran artículo, títulado “El cartel narco-religioso“, para reflexionar sobre cómo clases sociales ligadas al narcotráfico y a la religión como industria andan en Puerto Rico tras la consolidación de su poder político, luego de convertirse en poderes económicos dominantes.
De teoría marxista admito que se poco, pero me parece que la historia nos dice que cuando una clase social hegemónica en lo económico no es a su vez una clase social dirigente en lo político, tal clase social en acsendo siempre busca encabezar una revolución social que la ponga en el tope de la jerarquía del nuevo orden. Así pasó cuando la burguesía reclamó el poder político en la revolución francesa, por ejemplo. Entonces, ¿le toca el turno en Puerto Rico a la clase social de narcotraficantes de reclamar el poder político donde ya son una de las principales fuerzas económicas? Parece que Rodríguez Casellas señala que tristemente ese es el camino que sigue el país, pero matizado por una religiosidad fundamentalista:
El común denominador a narcos y supremacistas religiosos incursionando en la política es la hipocresía descarada y el abuso que ejercen amparándose en las mayorías que los enlistan en el poder. El bullying en la política puertorriqueña va pareciéndose cada vez más al del narco fanfarrón o del predicador farisaico. Este frente, muy visible, de pequeños gangstersasalariados por el narcotráfico y/o la alcancía de feligreses dramatiza su desprecio a la pluralidad como parte de su espectáculo intimidador. Cuentan con amplia validación de una industria del entretenimiento a cargo de romantizar el desarraigo.
El artículo también toca el aspecto del “confuso matiz ideológico” de la izquierda para con el narcotráfico. Puede leer aquí.


